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  • Cristina Requena Villalba

Como la organización de un concierto deriva en una reflexión sobre un modo de vivir…


Algunos días atrás cenas con tus amigos y como quien no quiere la cosa dejas caer un…


- “Ei, David, per quan bolo a Artemisia?”

- “Cuando quieres?” (David y yo no se sabe muy bien porqué no nos definimos, igual hablamos en catalán que en castellano)

- “¿El 29 de noviembre?” (Casualmente día de mi cumpleaños…)

- “Hecho”


Unos días después te reencuentras con JazzTà y mientras hacéis unas cervecillas David dice a sus colegas “Ei, el 29 de novembre toquem a Artemisia”. “Fet” responden Jordi y Rafel.


Y la máquina ya está en marcha, el equipo de flipados de la vida se pone a trabajar: David al cartel, y una servidora a la difusión. Y cuando ya se acerca el día viene la parte que más mola, la escenografía. Porque si, en Artemisia no nos gustan las cosas sencillas, todo lo contrario, nos van los retos, a más nos complicamos la vida, más nos “pone” el tema…


Y entonces le preguntas a Silvia sin que sepa de qué hablas (porque ella te conoce, puede adelantarse a tus pensamientos, y aun así, a veces tú todavía eres más rápida):


- “Silvia, digue’m un tema”

- “Un tema? Què vols dir?”

- Un tema, un tema d’adults

- El sexe


Naturalmente, el sexo. Y enseguida te viene a la cabeza cual será el tema: el color Rojo.


Inmediatamente envías un whatsapp a David (ya no sabes vivir sin whatsapp) y le dices: “el tema va a ser el rojo, la pasión, el sexo, la energía”. Y le propones una idea. Y él, que es un super flipado, va y te dice “te has pasaooooo tres pueblos”. Y si te lo dice él... es que te has pasado tres pueblos!


Pero el tema sigue en pié, y la tarde antes del concierto te pones a trabajar. Un sofá aquí; una alfombra allí; necesitas bombillas rojas; unas gominolas rojas; ¿pétalos rojos? no, pétalos no, porque tu hermana dice que es una horterada.


La mañana del concierto (y la de tu cumpleaños) el objetivo es la iluminación. Y te vas a una tienda de bombillas. Y sólo les queda una roja, se conoce que están en desuso. Y el chico de las bombillas te mira de lado y pregunta para que las quieres. Debe ser que espera una respuesta morbosa. Y le dices que es para crear ambiente. ¿Ambiente para un estudio fotográfico? Pregunta. Y le cuentas que estas organizando un concierto y que estas creando un “ambiente rojo”. Y resulta que él también es músico, y el brillo de sus ojos indica que es otro miembro del club de “flipados de la vida” motivo por el cual a lo mejor consigues que no piense que estás loca de atar. Porque teniendo en cuenta los km que has recorrido buscando dos bombillas rojas para crear ambiente se podría decir que lo estás. Y al final el chico con brillo en los ojos te sugiere que pintes dos bombillas con rotulador permanente. Y si, lo pruebas y funciona.


Y llega la tarde del concierto. Y ese momento mola mucho porque David y una servidora empezamos a mover cosas, y así, una idea él y otra yo acabamos de montar el attrezzo del escenario.


Una velas rojas marcan el camino de la sala a la planta baja; algunos caramelos rojos endulzan el ambiente, unas bombillas rojas despiertan puntos de interés llenos de energía, unos libros rojos (que siempre queda como muy “in” poner libros)


Y así, como quien no quiere la cosa, apenas quedan unos minutos. Y el concierto empieza. Y no somos muchos, tampoco muy poco, para decirlo con cariño “intimo, acogedor, familiar”


Y al terminar el concierto el público sale más que contento, lo notas, lo ves, las palabras suenan sinceras:


Ei muy bien. Que chulo el ambiente. Como canta esta chica. Que buen rollo todo. Parece un lugar clandestino! Qué bien canta ella. Me ha encantado. Quien iba a decir que debajo de la galería habría un sitio como este. Que voz más bonita tiene la cantante. No sabía que existía en les Franqueses un sitio como este es genial. El teclista está soltero?. Que chulo todo así en rojo. Que misterioso ha sido mientras bajábamos…


Y al final es el día de tu cumpleaños. Y te has pegado un curro que no veas organizando este concierto. No hemos sido mucho, tampoco muy pocos. Y te vas a cenar con unos amigos. Y te pegas unas risas comentando todo. Y termina el día. Y te dices instantes antes de cerrar los ojos “Cris, has d’estar contenta, ho heu fet bé”


Y a la mañana siguiente recibes este mail “Gracias por organizar todo esto! Me encantó… no sé cómo se puede promover todo lo que haces, pero estoy segura que un día se verá reconocida tu galería y Artemisia será famosa!”


Y tú no quieres ser famosa, pero si tienes ganas de compartir lo que haces con gente como Ana, que viene a un concierto, disfruta y te dice estas cosas tan bonitas. Porque a ti te encanta el arte, y la cultura en general. Y tienes ganas de hacer cosas que alimenten tu espíritu. Porque como te decía Xabier de la galería “El Quatre” (no me canso que decir que son mi referente) el arte no es como una lavadora, no te va a lavar la ropa por así decirlo, el arte es otra cosa. Es un sentimiento, una emoción, algo que te llega y que te hace sentir vivo. Y tienes ganas de que mucha gente disfrute del arte como haces tú… Y tú lo pones todo de tu parte, pero han de ser los demás quienes te den la oportunidad, y se la den a ellos mismos, de levantarse del sofá… y vivir…



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